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miércoles, 3 de junio de 2015

¿Qué deben hacer las grandes potencias para evitar una guerra mundial?


 
 
Las recientes acciones de las grandes potencias evocan conductas de "estudiantes de secundaria" y pueden provocar una tragedia mundial. Para evitarla, todos los países responsables deben renunciar a las provocaciones que aumenten el riesgo de confrontación, opina el analista Ted Galen Carpenter.
Las guerras entre pequeñas naciones son trágicas para las poblaciones involucradas y pueden causar "problemas más amplios en el sistema internacional", pero "un conflicto armado entre grandes potencias sería una verdadera pesadilla, sobre todo en la era de las armas nucleares", escribe el experto Ted Galen Carpenter, vicedirector de los estudios de defensa y política exterior del Instituto Cato (EE.UU.), en un artículo publicado en la revista 'The National Interest'.

Recordando las lecciones de las dos guerras mundiales que "tan horriblemente marcaron el siglo XX", todos los países responsables "deben evitar acciones que aumenten el riesgo de confrontaciones innecesarias", considera el analista.

"Por desgracia —prosigue—, el nivel de peligro de tal conducta parece estar aumentando en lugar de disminuir".

A juicio del analista, las acciones recientes de varias grandes potencias recuerdan la conducta de los "estudiantes varones en el patio de recreo de la escuela secundaria".

Sería conveniente que todas las partes involucradas redujeran el nivel de riesgo y renunciaran a esa conducta
Como primer ejemplo de ello, el experto pone a Europa del Este, donde la OTAN intercepta con frecuencia los aviones de Rusia y donde la misma OTAN lleva a cabo constantes ejercicios militares, "acciones tontamente provocativas", según Carpenter.

"En el otro lado del mundo, las grandes potencias también muestran una creciente tendencia a realizar gestos arriesgados y provocativos", señala el analista en referencia al este de Asia, y en primer lugar, a la disputa territorial entre China y Japón en el mar de la China Oriental, donde "las tensiones van claramente en aumento".


Además, en la misma región, China y EE.UU. han tomado actualmente una "postura arriesgada en cuanto al mar de la China Meridional", sostiene el experto. 

"Pekín coquetea con la idea de proclamar una ADIZ [zona de identificación de defensa aérea] en esa región, a pesar de las disputas territoriales en curso con varios vecinos. Washington está profundizando su participación en las tensiones subyacentes, incluso mediante la realización de patrullas aéreas y marítimas en la zona", explica el analista.

"Ya es bastante malo que un conflicto entre grandes potencias estalle debido a reclamaciones irresolubles sobre cuestiones sustantivas cruciales. Pero es peor aún si la tragedia se debe a que los rivales se han enzarzado en una batalla de movimientos poco meditados para aparentar", opina Carpenter, agregando que, "por desgracia, esta parece ser la tendencia, tanto en Asia oriental como en Europa del Este".

"Sería conveniente que todas las partes involucradas redujeran el nivel de riesgo y renunciaran a esa conducta", concluye.

http://actualidad.rt.com

sábado, 10 de agosto de 2013

2020: las grandes potencias apuntan (con misiles) al Pacífico


 



Para tal fecha, los Estados Unidos tendrán en ese océano al 60 por ciento de sus efectivos. Mientras tanto, Rusia y China no asisten a ese rearme sin moverse.

Una de las últimas cosas que hizo el anterior secretario de Defensa de Obama, Leon Panetta, fue anunciar que los Estados Unidos iban a “rebalancear” su política militar: la retirada progresiva del escenario medio-oriental era el prólogo de un nuevo impulso en el escenario marítimo del Pacífico. “Estados Unidos ha sido, es, y seguirá siendo una potencia en el Pacífico”, afirmó Panetta el pasado mes de diciembre en la cumbre de seguridad asiática en Singapur. Hoy Panetta ya no es secretario de Defensa, pero su sucesor, Chuck Hagel, defiende la misma política, abanderada por el propio Obama.

El teatro del Pacífico

En cifras, eso significa que para el año 2020 alrededor del 60 por ciento de la Armada estadounidense estará desplegada en el Pacífico. El despliegue incluirá seis portaaviones –la US Navy tiene un total de diez- y la mayor parte de los submarinos y buques de superficie.
El nuevo diseño exigirá una renovación de alianzas para establecer bases logísticas fiables. Todo apunta a que la pieza esencial de Internacional este nueva estrategia será Australia, donde se prevé un despliegue rotatorio de aeronaves y “marines”. Tal es la nueva doctrina geopolítica del Pentágono.

 
Acción-reacción

Este anuncio norteamericano se ha ido verificando a lo largo del año en curso y, como era de esperar, ha provocado la consiguiente reacción de las otras potencias regionales, en particular Rusia y China, que se sienten amenazadas por la exhibición de hegemonía americana. Rusia se ha fijado el mismo horizonte –el año 2020- para culminar la mayor parte del proceso de modernización de su armamento: hasta un 70% de su arsenal. Y China, por su lado, aunque va con un ostensible retraso tecnológico, espera en esa misma fecha haber completado un proceso de modernización armamentística aún pendiente de cuantificar. El caso ruso es el más notable por el vertiginoso crecimiento experimentado en los últimos años. La mayor parte del arsenal soviético procede todavía de los años 80, la última década soviética. 

El colapso económico posterior se tradujo en una reducción brutal de la producción, limitada a armas convencionales destinadas a la exportación a otros países. Sólo a partir de 2008 se recuperó la producción y, eso sí, lo hizo a todo tren: el porcentaje de armamento moderno ha crecido desde un 6% en 2008 hasta un 16% en 2013, y la previsión es que el volumen aumente en progresión geométrica. 

 
Las “estrellas” de esta modernización son los aviones: los nuevos cazas Su-35S y Su- 35SM, los Sukhoi de quinta generación T-50 y los bombarderos Su-34. En la mar es mucho más complicado el panorama, porque los planes para fabricar nuevos portaviones y destructores aún están en fase de discusión. Por el contrario, el programa submarino avanza a gran rapidez con las naves nucleares portamisiles de clases Borei y Yasen. Concebidas, por cierto, para navegar precisamente por el Pacífico.

 
China, hermana pobre

China es la hermana pobre de esta nueva carrera de armamentos. La mayor parte de su arsenal fue fabricada en los años sesenta y setenta, como los misiles balísticos DF-4 y DF-5. El retraso llega al extremo de que el gobierno chino ha pedido a los técnicos de misiles, ya próximos a la edad de retiro, que no se jubilen, porque no hay personal que pueda reemplazarles. Los aviones de caza J-7, muchos de los cuales tienen más de treinta años, siguen en activo, por no hablar de las piezas de artillería, fabricadas casi todas en los años cincuenta.
China ha emprendido desde 2010 un vigoroso programa de renovación, pero todo apunta a que el esfuerzo norteamericano le doblará el brazo, como se lo dobló Reagan a la URSS con la famosa "guerra de las galaxias".

Tierra y mar, de Carl Schmitt

En un ensayo sobre geopolítica publicado en 1942 y prontamente difundido en España, "Tierra y mar", el filósofo Carla Schmitt atribuyó a los Estados Unidos un inevitable destino marítimo como potencia mundial. "América es la gran isla, desde la que se debe ser perpetuada la conquista inglesa de los mares y continuada en gran escala la hegemonía marítima que los angloamericanos ejercen en el mundo".
Así como hay potencias construidas sobre el dominio de las tierras continentales- el ejemplo ruso es transparente - hay otras que basan su fuerza en el control del mar. De estas últimas, el ejemplo histórico más eminente es la Gran Bretaña imperial.

El politólogo alemán recuperaba las teorías del almirante norteamericano Alfred Mahan, según el cual la proyección americana en los mares prolongaba el imperio naval británico. Mahan escribía en 1904 y Schimtt en e1942, pero es un hecho que la hegemonía militar y política norteamericana ha seguido el camino de la mar hasta nuestros días y, por el contrario, ha tenido apuros para consolidar su poder sobre tierra, como muestran los ejemplos de Irak y Afganistán.

El "giro hacia el Pacífico" de la Administración Obama parece responder a esa misma contatación. Carl Schmitt terminaba su ensayo con una frase de Hegel que vale la pena citar: "Así como la tierra, el suelo firme, es la condición para la industria, el elemento vivificante hacia el exterior".

José Javier Esparza
Publicado en La Gaceta el 6/8/2013
http://www.defensa.com
 

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