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lunes, 25 de agosto de 2014

En guardia contra el yihadismo

 

 
Así trabajan los 110 militares españoles destacados al sur de Malí, a 700 kilómetros del frente de guerra del Sahel, zona estratégica para España por sus intereses energéticos. El objetivo de la misión de la UE es ambicioso, adiestrar a 6.000 soldados malienses hasta 2016, pero los resultados están por ver.

«¿Habéis estado en Afganistán?», «¡sí, mi coronel!», «pues los malienses no se parecen a los afganos ni esta misión tiene nada que ver con aquella. Aquí estamos para aportar nuestra experiencia contra el yihadismo en el Sahel».

Alto, blanquecino, de aspecto inmaculado, el coronel francés Couetoux extiende el puntero metálico sobre una pizarra apostada en un atril de madera. En el encerado de la academia militar cuelgan varios documentos sobre la misión que lleva a cabo la Unión Europea en Malí (EUTM), dedicada a mejorar las capacidades militares de este estado casi fallido del África Occidental.

Los mil rostros del enemigo

Malí se ha convertido en un foco de inestabilidad internacional por el avance de los grupos yihadistas en la región del Sahel, a pocos cientos de kilómetros de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Esta franja subsahariana se ha convertido en una gran autopista sobre la que circulan todo tipo de tráficos, que ha desestabilizado por extensión el arco mediterráneo y comprometido los intereses económicos españoles. Más del 50% del gas importado procede del sur de Argelia, fronteriza con Malí.

 
El sol aprieta en la sabana africana desde primera hora de la mañana, pese a que las primeras lluvias estivales ya han hecho su aparición. El coronel Couetoux, jefe del contingente europeo desplegado en la ciudad de Koulikoro, a 60 kilómetros al este de Bamako, capital de Malí, cuenta cómo marcha la operación de adiestramiento del Ejército maliense, que arrancó a principios de 2013 y se extenderá al menos hasta 2016. El pasado año España gastó nueve millones de euros. 

Bajo su mando están desplegados más de 600 militares de 22 naciones europeas, 110 de ellos españoles. En esta suerte de laboratorio comunitario, 423 efectivos forman la compañía de protección a la fuerza, mientras que 186 son instructores encargados de entrenar a los soldados locales que luchan por recuperar el terreno perdido al norte del país. Una zona desértica fronteriza con Argelia y Mauritania, de extensión superior a nuestro país, y que está controlada por grupos yihadistas afines a Al Qaida, grupos tribales y los tuaregs, nómadas del Sáhara.

El riesgo de la misión africana
La cabo primero Victoria Aranda trabajaba como cajera en un banco de Lima cuando decidió trasladarse a España. Desde el principio le llamó la atención la oferta laboral de las Fuerzas Armadas y se alistó. Tiene 38 años y lleva más de una década aquí. Antes de llegar a Malí estuvo en las misiones de Líbano y Afganistán. Allí vivió experiencias duras y desagradables.
 
En Líbano perdió a dos compañeros en un atentado contra un blindado. «Yo misma recogí los restos de la pierna de uno de los heridos», recuerda. Por todo ello si se mide por el riesgo la misión africana es mucho menor, «pero aquí las condiciones de vida son exigentes por el calor, la lluvia y la humedad, que atraen mosquitos y enfermedades», señala Aranda, una de las cuatro mujeres del contingente. 
En Dakar, capital de Senegal, se encuentra el destacamento aéreo Marfil. Está compuesto por 47 militares españoles y da cobertura material a la misión francesa Serval, presente en Malí, Gabón, Chad o Níger. El principal inconveniente para el avión CN-295 español son las tormentas «que se forman en diez minutos» y la limitada ayuda para la navegación. «A veces vas ciego», cuenta el piloto, el capitán Franco.
 
Los planes de instrucción son muy ambiciosos y los resultados, de momento, están por ver. El objetivo final es haber formado en mayo de 2016 a ocho batallones malienses, unos 6.000 efectivos en total, bajo los patrones occidentales elementales. Mientras el coronel francés explica estos pormenores, en un campo de tierra anexo una parte de la quinta compañía maliense realiza ejercicios de formación tarareando canciones en bambara, la lengua de la etnia mayoritaria de un país con 15 millones de habitantes.

Los usos de la guerra

«Nuestro lema es 'even war have limits' (incluso la guerra tiene límites). Queremos que los malienses cambien de mentalidad. Respeten los usos de la guerra, el trato con prisiones, mujeres y refugiados y que se minimicen los daños colaterales en el campo de batalla», confía el teniente coronel José Luis Descalzo, de 47 años. 

El jefe del contingente español en Koulikoro charla animado mientras toma un refrigerio en la cantina patria de la academia, una extensión de 3,5 hectáreas junto al majestuoso río Níger.

El programa de adiestramiento de una compañía maliense dura tres meses. Hasta la fecha se han formado cuatro grupos, que ya han combatido a los yihadistas en el norte. Cada compañía tiene entre 600 y 700 hombres y durante diez semanas reciben clases de especialización. El entrenamiento en esta apacible y pobre población dura 45 horas de lunes a sábado, de seis y media de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. 

El cuadrante comienza con deportes e instrucción, continúa con ejercicios de tiro y clases teóricas y concluyen con lecciones básicas de primeros auxilios y derechos humanos. Entre medias se come, los malienses en una cantina y los europeos en otra.

 
El comandante Saiz (nombre figurado para preservar su identidad) dirige el equipo de operaciones especiales llegado desde Rabasa (Alicante). Cuenta con 14 hombres. El programa tiene tres semanas comunes de entrenamiento en artillería o infantería. Las cinco semanas siguientes se estudia comunicación, ingeniería y doctrina francesa con las unidades ya divididas. 

Se entrenan movimientos en ambiente urbano, patrullaje, reconocimiento de zona y control aéreo y ataque. Y las dos últimas semanas sirven para integrar las diferentes unidades de la compañía. «Se trata de multiplicar, no de sumar», comenta el oficial acodado en un blindado Lince del Ejército de Tierra. La sensación común es que el tiempo de adiestramiento se queda corto. 

Sin embargo, el deber manda y el enemigo acecha. No hay tiempo que perder. El comandante Saiz y sus hombres trabajan con 24 soldados malienses. Son gente veterana con más de 15 años de servicio, alegre y familiar. Están pegados a sus costumbres tribales y portan amuletos 'mágicos' llamados 'cri-cri' «para que las balas no nos alcancen», cuenta el soldado Yaya Traore. 

Pero sus capacidades físicas son limitadas y existe un elevado analfabetismo. Una tara que se mitiga por su patriotismo pese a los 100 dólares mensuales que cobra la tropa. «La clave es darles explicaciones directas, cortas y repetitivas. Hay que ser paciente», dice el capitán López de Lamela, madrileño de 29 años.

Las joyas de la corona

El capitán es el responsable del grupo de artillería, perteneciente a la brigada paracaidista de Paracuellos del Jarama (Madrid). Tiene una sombra llamada Joseph Keita, uno de los traductores del contingente. Habla francés, español y bambara, la lengua local. Este joven aprendió español en Marruecos, donde trabajó con una constructora nacional hasta que esta «pinchó». Lleva tres semanas en Koulikoro y comenta las dificultades que provoca el Ramadán entre sus compatriotas. «Algunos no comen ni beben nada de sol a sol». 

El teniente Merino y el cabo Núñez manejan las joyas de la corona del ejército maliense. Los lanzacohetes y los morteros con los que combaten a los yihadistas en el frente. Los 45 aprendices llegan al campo de entrenamiento tras recibir clases elementales de matemáticas y geometría. El material está muy desfasado. El lanzacohetes Grad es ruso y se conocía en la Segunda Guerra Mundial como 'Los órganos de Stalin' por su eficacia contra los panzer nazis. Alcanzan los 15 kilómetros. Los morteros provienen de la extinta Yugoslavia y fueron donados por Croacia. Llegan a 2.000 metros.

«Es lo que tienen y lo que usan en el campo de combate. Para nosotros un reto recuperar las nociones de un material tan anticuado», interviene Merino, mientras explica a un grupo de diez las coordenadas del siguiente disparo simulado. 

Para el destacamento español que llegó en mayo a Koulikoro y volverá a casa en noviembre tras seis meses de rotación, la primera experiencia real de su cometido no fue satisfactoria. Fue la llamada «derrota de Kidal», ciudad rebelde al norte del país. Un batallón maliense formado en la academia local «se hundió». No se respetaron las cadenas de mando y faltó información de los objetivos. 

Las estimaciones hablan de cien soldados muertos y 50 vehículos destruidos. «No estaban suficientemente entrenados», admite el teniente coronel Descalzo. «Lo más positivo es que se limitaron los daños colaterales a civiles», añade. 

La enseñanza de la derrota es que hay que reforzar la estructura de mando y 'reentrenar' los aspectos tácticos que fallaron. Precisamente, esto lo harán en septiembre en la ciudad de Sisaco, al este del país, más cercana a las zonas rebeldes de Gao y Kidal, por lo que el riesgo para la misión aumentará. «Hay que entregarles la caña y el anzuelo y enseñarles a pescar, no darles el pescado», escenifica el jefe. 


martes, 12 de agosto de 2014

Así le afecta a España lo que sucede en Mali

 



 
El contingente español que está en Mali, perteneciente al Ejército de Tierra, forma parte de una misión liderada por la Unión Europea -EUTM Mali- para instruir a los efectivos de las Fuerzas Armadas malienses con el fin de que sean capaces, por sí mismos, de garantizar a largo plazo la integridad territorial del país.

Por su parte, los españoles destacados en Senegal, del Ejército del Aire, prestan apoyo logístico a los militares franceses que, en el marco de la Operación Serval -iniciada en enero de 2013-, refuerzan a las Fuerzas Armadas malienses para recuperar el control del país.

Tanto Mali como el resto de países que integran la denominada región del Sahel –franja al sur del desierto del Sáhara que se extiende desde Mauritania, al oeste, hasta Eritrea, al este- son de gran interés estratégico para España. La inestabilidad en uno de estos países podría ocasionar que ese efecto se extendiera por toda la región, como ya ocurrió con las revueltas de 2011 en el norte de África. Pero, ¿en qué nos afecta a los españoles lo que pueda ocurrir en Mali?

Un nido para el terrorismo

La inestabilidad en estos países es un ‘caldo de cultivo’ para el asentamiento, en sus territorios, de grupos terroristas como AQMI -Al Qaeda en el Magreb Islámico-, con intereses claramente anti-occidentales y anti-europeos, y que quieren convertir la franja del Sahel en un emirato islámico donde asentar sus bases para su yihad -guerra santa- global. 

El país europeo más cercano a esta región –sólo 800 kilómetros separan el límite noroccidental de Mali de Fuerteventura- es España, que sirve como “puerta de entrada hacia Europa”.

Problemas migratorios

Esa inestabilidad repercute en los flujos incontrolados de inmigración irregular, alentados principalmente por las mafias y redes criminales organizadas, que aprovechan las circunstancias de desesperación entre la población civil para ‘hacer negocio’, ya que cobran miles de euros por ‘facilitar’ la entrada de inmigrantes ilegales en Europa… a través de España.

Actividades delictivas

Los grupos terroristas y organizaciones criminales pueden ‘afincarse’ en esta región ‘gracias’ a la inestabilidad existente, ‘campando a sus anchas’ y cometiendo, por consiguiente, actividades delictivas como tráfico de personas, de drogas o secuestros, para financiar su guerra santa contra los infieles de Occidente.

Intereses económicos

También, como ocurre en otros conflictos, existen intereses económicos de por medio. Los países que conforman la franja del Sahel –norte de Senegal, sur de Mauritania, Mali, sur de Argelia, Níger, Chad, Sudán del Sur y Eritrea- son ricos en petróleo, gas, oro, cobre, diamantes y uranio. Níger, por ejemplo, abastece a las plantas nucleares de Francia y también a las de España -aproximadamente un 15% del uranio con el que se trabaja en España procede de este país-. La región del Sahel es, por tanto, de vital interés estratégico y económico.

¿Y qué podría pasar en el futuro?

La presencia de diversos grupos terroristas –principalmente AQMI, pero también el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad o la secta islamista Boko Haram- y redes criminales internacionales en la región no hace prever un fin de la inestabilidad a corto plazo. De hecho, la misión europea en la zona (EUTM Mali) se extenderá, en principio, hasta mayo de 2016. En la EUTM Mali participan, además de España, más de medio centenar de militares de 22 países de la Unión Europea.

(Foto: Luis Rico)
M. Ángeles Moya
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viernes, 8 de agosto de 2014

Qué han hallado los investigadores sobre el avión español que se estrelló en Mali

 

La investigación preliminar apunta a que el aparato no se desintegró en pleno vuelo. “No creo que podamos excluir la tesis de una acción deliberada; de momento, no podemos decir más”, dice Remy Jouty, director de la Oficina de Investigación y Análisis francesa (la BEA).

El avión alcanzó los 9.500 metros para establecer a esa altitud su ritmo de crucero. A los investigadores no les llama la atención que el avión registrara variaciones de ruta, ya que son las habituales cuando el recorrido atraviesa zonas tormentosas. A continuación, se observa una disminución de la velocidad y, posteriormente, de la altitud.

Los investigadores se han encontrado con un primer problema al descubrir que la caja negra que actúa como grabadora de voz no funcionaba en los momentos previos al accidente. La banda magnética no es legible. 

“Hay señal sonora de la banda”, explica Jouty, pero “tenía un error de funcionamiento que no tiene que ver con el accidente”. El presidente de la Comisión de Investigación creada por Mali, N’Faly Cisse, añade: "Nunca hemos visto un caso como este, de una caja cuya banda magnética ha podido ser recuperada pero no es legible".

Este imprevisto les ha obligado a trabajar con los datos e vuelo, que indican que, unos diez minutos antes de que se estrellara, el avión viró y empezó a caer en espiral. 

Los expertos creen que el impacto se produjo un segundo después del último registro, que sitúa al avión a 490 metros del suelo y a 740 km/h. El impacto fue “extremadamente violento”, según Jouty.

Por ahora, el análisis se centra en determinar la trayectoria del avión. Más adelante, se pasará al estudio de las causas.

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