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jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Sobre qué asuntos clave decidirán los miembros de la OTAN en su Cumbre?


Un Typhoon de la RAF (Fuerza Aérea británica) frente a una de las sedes de la Cumbre de la OTAN en Gales (Foto: OTAN)

Los días 4 y 5 de septiembre se celebra en Gales una cumbre de jefes de estado o de gobierno de la OTAN, cuya agenda inicialmente no parecía de gran importancia pero a la que acontecimientos posteriores como la situación en el Sahel, región del África sahariana y sobre todo la actuación de Rusia en Ucrania, la han dotado de gran relevancia.

No hace mucho, el Secretario General de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, decía refiriéndose a los desafíos a los que se enfrentará la OTAN en el futuro: “El mundo que hemos ayudado a construir después del fin de la Guerra Fría está siendo cuestionado de diferentes maneras y desde diferentes direcciones. 

Desde el este, la agresión de Rusia contra Ucrania es un intento de reescribir las reglas internacionales y volver a crear una esfera de influencia. Al mismo tiempo, en nuestro sur, vemos estados o grupos extremistas que usan la violencia para afirmar su poder. Y, en general, vemos amenazas viejas y nuevas, desde la piratería hasta el terrorismo o a los ataques cibernéticos”.

 
La agenda de la cumbre recoge todas esas preocupaciones y entre sus objetivos destacan tres: la necesidad de reforzar la defensa colectiva aumentando las capacidades; revitalizar la fortaleza del vínculo transatlántico, mejorando la inversión presupuestaria en defensa; y redefinir las relaciones con Rusia a la vez que se estrechan lazos con Ucrania.

En el seno de la Alianza hay intereses estratégicos diferentes, no sólo como podría pensarse entre el bloque anglosajón (EE.UU. y su fiel aliado, el Reino Unido) y ciertos países de la Europa continental, sino incluso dentro de ésta: así, por ejemplo, los riesgos estratégicos que perciben los estados bálticos y los de Europa oriental no son iguales que los existentes para los países ribereños del Mediterráneo.

 
Es natural que esto sea así, en geopolítica la situación geográfica tiene un peso extraordinario y es lógico que las percepciones sobre riesgos y amenazas no sean iguales, aunque se compartan unos valores y una visión del mundo común.

Los acuerdos que se alcancen en la cumbre no serán fáciles. La crisis económica de la que Europa no acaba de salir, hace muy difícil aumentar las partidas presupuestarias de defensa ante unas opiniones públicas que no tienen percepción de las amenazas geoestratégicas que se ciernen sobre el continente. Esta situación es especialmente evidente en la sociedad española.

 
Según datos de la OTAN, el objetivo del 2% del PIB solo es superado por EE.UU, el Reino Unido y Grecia; otros tres países llegan a él o están cerca: Estonia, Polonia y Francia; y el resto de países está por debajo de ese 2%. España es uno de los aliados que menos invierte, el 0,8 % del PIB, con tan solo Lituania y Luxemburgo por detrás. Si bien, hay que contar en el haber con las facilidades para el despliegue que España aporta.

Una parte importante de la sociedad norteamericana no entiende cómo los países europeos invierten tan poco en su propia defensa, confiando siempre en el “paraguas” del socio norteamericano, de ahí su demanda de un compromiso serio en capacidades militares que  refuerce el llamado vínculo transatlántico.

 
Aunque se pretende que la situación en Ucrania no monopolice la reunión, es obvio que tendrá un gran protagonismo. Las actuaciones de la Rusia de Putin primero en Crimea y ahora en las regiones orientales de Ucrania, han exacerbado el recelo hacia Rusia de los países de Europa oriental miembros de la OTAN. 

Se debatirá el establecimiento de tropas con carácter “no permanente” en dichos países. EE.UU. y Gran Bretaña los apoyan y son partidarias de una postura más dura hacia Rusia, mientras que Francia, Italia, España y probablemente  Alemania prefieren una línea de actuación de menor confrontación. 

Pasará tiempo antes de que Ucrania se convierta en un miembro más de la OTAN, si es que se aprueba su ingreso.

A España le interesa que, en línea con las declaraciones antes citadas del Secretario General de la OTAN, la Alianza se oriente hacia el sur, especialmente el Sahel, donde según palabras recientes del Ministro de Defensa, Pedro Morenés, “el yihadismo más radical se ha hecho fuerte de costa a costa, en un terreno insondable, de difícil combate y en el que se retroalimentan con traficantes de todo tipo”. 

En esa región del mundo tan próxima a nuestro país, se están gestando serias amenazas para Europa y, por supuesto, para España. Sería muy positivo que a los esfuerzos diplomáticos, económicos y militares que España lleva a cabo en dicha región para ayudar a los países del entorno, bien individualmente o integrada en la Unión Europea, se sumara la actuación de la OTAN.

¿Para qué sirve la OTAN?
La OTAN nació como alianza política impulsada por el Reino Unido en 1949 con el fin de ser un escudo protector para los países de Europa occidental contra el expansionismo soviético, después de la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial. 

España ingresó en la Alianza en 1986. En 1991, con la desaparición de la Unión Soviética y el consiguiente fin de la guerra fría, comenzó una nueva etapa en la que con el paso del tiempo, la Alianza acogió a los estados de Europa oriental que formaron parte del extinto Pacto de Varsovia, replanteándose sus misiones y cometidos y andando un camino que la llevó de ser una organización regional centrada en el Atlántico Norte y Europa, a otra con vocación de actor de seguridad global.

De este cambio de orientación vino la misión más complicada de cuantas ha tenido que acometer la organización, la International Security Assistance Force (ISAF) en Afganistán, en la que España ha participado activamente y en la que nuestros soldados se han ganado el respeto generalizado y han gozado de gran prestigio. Esta misión terminará en unos meses con éxito, puesto que el santuario terrorista que suponía aquel país ha desaparecido.

El mayor éxito de la Alianza es haber mantenido alejado de Europa el fantasma de la guerra, salvo por el paréntesis que supuso el conflicto de los Balcanes a finales del pasado siglo y principios del actual, Bosnia y Kosovo, conflicto que precisamente terminó, ante la falta de capacidad de la ONU, con la intervención militar de la OTAN.

De los catorce artículos que contiene el tratado de constitución, conocido como Tratado de Washington, los tres primeros afirman la voluntad de los países miembros de resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicados, de modo que la paz y la seguridad internacionales, así como la justicia, no se pongan en peligro, y a abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en cualquier forma que sea incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.

El artículo 5 del tratado obliga a colaborar en la defensa de un país miembro, incluso con el uso de las armas cuando se produzca un ataque armado contra dicho país en Europa o América del Norte. Este artículo solo ha sido invocado una vez como respuesta a los ataques del 11 de septiembre de 2001 por medio de aviones de pasajeros a modo de proyectiles contra objetivos en Estados Unidos.

En el resto de conflictos no hay obligación automática de actuar, sino que la decisión depende de cada país y se toma caso por caso según sus intereses nacionales.

Pedro Díaz Ostos
http://www.onemagazine.es

lunes, 25 de agosto de 2014

En guardia contra el yihadismo

 

 
Así trabajan los 110 militares españoles destacados al sur de Malí, a 700 kilómetros del frente de guerra del Sahel, zona estratégica para España por sus intereses energéticos. El objetivo de la misión de la UE es ambicioso, adiestrar a 6.000 soldados malienses hasta 2016, pero los resultados están por ver.

«¿Habéis estado en Afganistán?», «¡sí, mi coronel!», «pues los malienses no se parecen a los afganos ni esta misión tiene nada que ver con aquella. Aquí estamos para aportar nuestra experiencia contra el yihadismo en el Sahel».

Alto, blanquecino, de aspecto inmaculado, el coronel francés Couetoux extiende el puntero metálico sobre una pizarra apostada en un atril de madera. En el encerado de la academia militar cuelgan varios documentos sobre la misión que lleva a cabo la Unión Europea en Malí (EUTM), dedicada a mejorar las capacidades militares de este estado casi fallido del África Occidental.

Los mil rostros del enemigo

Malí se ha convertido en un foco de inestabilidad internacional por el avance de los grupos yihadistas en la región del Sahel, a pocos cientos de kilómetros de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Esta franja subsahariana se ha convertido en una gran autopista sobre la que circulan todo tipo de tráficos, que ha desestabilizado por extensión el arco mediterráneo y comprometido los intereses económicos españoles. Más del 50% del gas importado procede del sur de Argelia, fronteriza con Malí.

 
El sol aprieta en la sabana africana desde primera hora de la mañana, pese a que las primeras lluvias estivales ya han hecho su aparición. El coronel Couetoux, jefe del contingente europeo desplegado en la ciudad de Koulikoro, a 60 kilómetros al este de Bamako, capital de Malí, cuenta cómo marcha la operación de adiestramiento del Ejército maliense, que arrancó a principios de 2013 y se extenderá al menos hasta 2016. El pasado año España gastó nueve millones de euros. 

Bajo su mando están desplegados más de 600 militares de 22 naciones europeas, 110 de ellos españoles. En esta suerte de laboratorio comunitario, 423 efectivos forman la compañía de protección a la fuerza, mientras que 186 son instructores encargados de entrenar a los soldados locales que luchan por recuperar el terreno perdido al norte del país. Una zona desértica fronteriza con Argelia y Mauritania, de extensión superior a nuestro país, y que está controlada por grupos yihadistas afines a Al Qaida, grupos tribales y los tuaregs, nómadas del Sáhara.

El riesgo de la misión africana
La cabo primero Victoria Aranda trabajaba como cajera en un banco de Lima cuando decidió trasladarse a España. Desde el principio le llamó la atención la oferta laboral de las Fuerzas Armadas y se alistó. Tiene 38 años y lleva más de una década aquí. Antes de llegar a Malí estuvo en las misiones de Líbano y Afganistán. Allí vivió experiencias duras y desagradables.
 
En Líbano perdió a dos compañeros en un atentado contra un blindado. «Yo misma recogí los restos de la pierna de uno de los heridos», recuerda. Por todo ello si se mide por el riesgo la misión africana es mucho menor, «pero aquí las condiciones de vida son exigentes por el calor, la lluvia y la humedad, que atraen mosquitos y enfermedades», señala Aranda, una de las cuatro mujeres del contingente. 
En Dakar, capital de Senegal, se encuentra el destacamento aéreo Marfil. Está compuesto por 47 militares españoles y da cobertura material a la misión francesa Serval, presente en Malí, Gabón, Chad o Níger. El principal inconveniente para el avión CN-295 español son las tormentas «que se forman en diez minutos» y la limitada ayuda para la navegación. «A veces vas ciego», cuenta el piloto, el capitán Franco.
 
Los planes de instrucción son muy ambiciosos y los resultados, de momento, están por ver. El objetivo final es haber formado en mayo de 2016 a ocho batallones malienses, unos 6.000 efectivos en total, bajo los patrones occidentales elementales. Mientras el coronel francés explica estos pormenores, en un campo de tierra anexo una parte de la quinta compañía maliense realiza ejercicios de formación tarareando canciones en bambara, la lengua de la etnia mayoritaria de un país con 15 millones de habitantes.

Los usos de la guerra

«Nuestro lema es 'even war have limits' (incluso la guerra tiene límites). Queremos que los malienses cambien de mentalidad. Respeten los usos de la guerra, el trato con prisiones, mujeres y refugiados y que se minimicen los daños colaterales en el campo de batalla», confía el teniente coronel José Luis Descalzo, de 47 años. 

El jefe del contingente español en Koulikoro charla animado mientras toma un refrigerio en la cantina patria de la academia, una extensión de 3,5 hectáreas junto al majestuoso río Níger.

El programa de adiestramiento de una compañía maliense dura tres meses. Hasta la fecha se han formado cuatro grupos, que ya han combatido a los yihadistas en el norte. Cada compañía tiene entre 600 y 700 hombres y durante diez semanas reciben clases de especialización. El entrenamiento en esta apacible y pobre población dura 45 horas de lunes a sábado, de seis y media de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. 

El cuadrante comienza con deportes e instrucción, continúa con ejercicios de tiro y clases teóricas y concluyen con lecciones básicas de primeros auxilios y derechos humanos. Entre medias se come, los malienses en una cantina y los europeos en otra.

 
El comandante Saiz (nombre figurado para preservar su identidad) dirige el equipo de operaciones especiales llegado desde Rabasa (Alicante). Cuenta con 14 hombres. El programa tiene tres semanas comunes de entrenamiento en artillería o infantería. Las cinco semanas siguientes se estudia comunicación, ingeniería y doctrina francesa con las unidades ya divididas. 

Se entrenan movimientos en ambiente urbano, patrullaje, reconocimiento de zona y control aéreo y ataque. Y las dos últimas semanas sirven para integrar las diferentes unidades de la compañía. «Se trata de multiplicar, no de sumar», comenta el oficial acodado en un blindado Lince del Ejército de Tierra. La sensación común es que el tiempo de adiestramiento se queda corto. 

Sin embargo, el deber manda y el enemigo acecha. No hay tiempo que perder. El comandante Saiz y sus hombres trabajan con 24 soldados malienses. Son gente veterana con más de 15 años de servicio, alegre y familiar. Están pegados a sus costumbres tribales y portan amuletos 'mágicos' llamados 'cri-cri' «para que las balas no nos alcancen», cuenta el soldado Yaya Traore. 

Pero sus capacidades físicas son limitadas y existe un elevado analfabetismo. Una tara que se mitiga por su patriotismo pese a los 100 dólares mensuales que cobra la tropa. «La clave es darles explicaciones directas, cortas y repetitivas. Hay que ser paciente», dice el capitán López de Lamela, madrileño de 29 años.

Las joyas de la corona

El capitán es el responsable del grupo de artillería, perteneciente a la brigada paracaidista de Paracuellos del Jarama (Madrid). Tiene una sombra llamada Joseph Keita, uno de los traductores del contingente. Habla francés, español y bambara, la lengua local. Este joven aprendió español en Marruecos, donde trabajó con una constructora nacional hasta que esta «pinchó». Lleva tres semanas en Koulikoro y comenta las dificultades que provoca el Ramadán entre sus compatriotas. «Algunos no comen ni beben nada de sol a sol». 

El teniente Merino y el cabo Núñez manejan las joyas de la corona del ejército maliense. Los lanzacohetes y los morteros con los que combaten a los yihadistas en el frente. Los 45 aprendices llegan al campo de entrenamiento tras recibir clases elementales de matemáticas y geometría. El material está muy desfasado. El lanzacohetes Grad es ruso y se conocía en la Segunda Guerra Mundial como 'Los órganos de Stalin' por su eficacia contra los panzer nazis. Alcanzan los 15 kilómetros. Los morteros provienen de la extinta Yugoslavia y fueron donados por Croacia. Llegan a 2.000 metros.

«Es lo que tienen y lo que usan en el campo de combate. Para nosotros un reto recuperar las nociones de un material tan anticuado», interviene Merino, mientras explica a un grupo de diez las coordenadas del siguiente disparo simulado. 

Para el destacamento español que llegó en mayo a Koulikoro y volverá a casa en noviembre tras seis meses de rotación, la primera experiencia real de su cometido no fue satisfactoria. Fue la llamada «derrota de Kidal», ciudad rebelde al norte del país. Un batallón maliense formado en la academia local «se hundió». No se respetaron las cadenas de mando y faltó información de los objetivos. 

Las estimaciones hablan de cien soldados muertos y 50 vehículos destruidos. «No estaban suficientemente entrenados», admite el teniente coronel Descalzo. «Lo más positivo es que se limitaron los daños colaterales a civiles», añade. 

La enseñanza de la derrota es que hay que reforzar la estructura de mando y 'reentrenar' los aspectos tácticos que fallaron. Precisamente, esto lo harán en septiembre en la ciudad de Sisaco, al este del país, más cercana a las zonas rebeldes de Gao y Kidal, por lo que el riesgo para la misión aumentará. «Hay que entregarles la caña y el anzuelo y enseñarles a pescar, no darles el pescado», escenifica el jefe. 


miércoles, 13 de agosto de 2014

El gran reto para la OTAN... más allá de Rusia


 




En su primera reunión tras la anexión rusa de Crimea, los aliados decidieron respetar el compromiso adquirido en el acuerdo de cooperación con Rusia: Ucrania no será miembro de la OTAN y no se estacionarán tropas permanentemente cerca de las fronteras rusas. 

Y ello a pesar de la presión ejercida por Polonia, Rumania y los tres países bálticos, que se sienten muy vulnerables a la política expansionista de Putin, aunque se olvidan de que éste no ha invadido, ni invadirá, ningún país aliado y de que la dinámica de la relación entre la OTAN y Rusia cambió completamente cuando Estados Unidos decidió desplegar defensas antimisiles en Polonia.


Otros aliados, y especialmente Alemania, no quieren aislar a Rusia y renunciar a los lazos establecidos durante años y apuestan por alcanzar algún tipo de compromiso. Mientras, España, Grecia, Italia y Turquía están más preocupados por sus vecinos del sur y de oriente y la amenaza rusa, por comparación, les parece insignificante. Esta diferente percepción de las amenazas debilita a la OTAN.

Lo cierto es que, Rusia aparte, la Alianza ha de hacer frente a otras importantes amenazas como el terrorismo, los ciberataques, la inestabilidad en Oriente Medio y en el norte de África-en particular en el Sahel-, el programa nuclear iraní o las ambiciones estratégicas de China… y la OTAN carece de estrategias para afrontarlas.

 
En este contexto, mucho depende de los intereses estratégicos de Estados Unidos y no hay razón para pensar que lo acontecido en Ucrania sea suficiente para que revierta su tendencia estratégica hacia Asia. Su compromiso con la OTAN es una cosa y sus prioridades estratégicas son otra… y la OTAN no está preparada para afrontarlas nuevas prioridades de su socio más importante.

 
La próxima cumbre de la Alianza, que tendrá lugar en septiembre en Gales, es un buen momento para que la OTAN se sumerja en un debate estratégico profundo. Los aliados han de ponerse de acuerdo sobre la naturaleza de la amenaza que supone Rusia para la seguridad europea y sobre cómo responder. 

También para calibrar qué ayuda militar se les puede ofrecer a Ucrania, Georgia y Moldavia. Asimismo, se han de definir qué capacidades se tienen y se necesitan frente a las otras amenazas comunes citadas anteriormente. No es de recibo que Francia decida en solitario la estrategia a adoptar a largo plazo en Mali, después de haber intervenido sólo con el apoyo de Estados Unidos, cuando es algo que afecta a la seguridad de todos. 

Tampoco lo esque en la OTAN no se haya producido un debate serio sobre Irán, cuando el estrecho de Ormuz es un punto estratégico vital. ¿Cómo reaccionaría la OTAN en caso de que el estrecho fuera bloqueado? ¿Y cómo reaccionaría si se produjera un enfrentamiento entre la Armada estadounidense y la de China?.

Lo acaecido con Crimea y en Ucrania ha reforzado la razón de ser de la OTAN, pero también ha conseguido que se visualice de forma prominente que ha de hacer algo urgentemente. Este es el gran reto para la OTAN.

Belén Lara
http://www.onemagazine.es 


 

martes, 12 de agosto de 2014

Así le afecta a España lo que sucede en Mali

 



 
El contingente español que está en Mali, perteneciente al Ejército de Tierra, forma parte de una misión liderada por la Unión Europea -EUTM Mali- para instruir a los efectivos de las Fuerzas Armadas malienses con el fin de que sean capaces, por sí mismos, de garantizar a largo plazo la integridad territorial del país.

Por su parte, los españoles destacados en Senegal, del Ejército del Aire, prestan apoyo logístico a los militares franceses que, en el marco de la Operación Serval -iniciada en enero de 2013-, refuerzan a las Fuerzas Armadas malienses para recuperar el control del país.

Tanto Mali como el resto de países que integran la denominada región del Sahel –franja al sur del desierto del Sáhara que se extiende desde Mauritania, al oeste, hasta Eritrea, al este- son de gran interés estratégico para España. La inestabilidad en uno de estos países podría ocasionar que ese efecto se extendiera por toda la región, como ya ocurrió con las revueltas de 2011 en el norte de África. Pero, ¿en qué nos afecta a los españoles lo que pueda ocurrir en Mali?

Un nido para el terrorismo

La inestabilidad en estos países es un ‘caldo de cultivo’ para el asentamiento, en sus territorios, de grupos terroristas como AQMI -Al Qaeda en el Magreb Islámico-, con intereses claramente anti-occidentales y anti-europeos, y que quieren convertir la franja del Sahel en un emirato islámico donde asentar sus bases para su yihad -guerra santa- global. 

El país europeo más cercano a esta región –sólo 800 kilómetros separan el límite noroccidental de Mali de Fuerteventura- es España, que sirve como “puerta de entrada hacia Europa”.

Problemas migratorios

Esa inestabilidad repercute en los flujos incontrolados de inmigración irregular, alentados principalmente por las mafias y redes criminales organizadas, que aprovechan las circunstancias de desesperación entre la población civil para ‘hacer negocio’, ya que cobran miles de euros por ‘facilitar’ la entrada de inmigrantes ilegales en Europa… a través de España.

Actividades delictivas

Los grupos terroristas y organizaciones criminales pueden ‘afincarse’ en esta región ‘gracias’ a la inestabilidad existente, ‘campando a sus anchas’ y cometiendo, por consiguiente, actividades delictivas como tráfico de personas, de drogas o secuestros, para financiar su guerra santa contra los infieles de Occidente.

Intereses económicos

También, como ocurre en otros conflictos, existen intereses económicos de por medio. Los países que conforman la franja del Sahel –norte de Senegal, sur de Mauritania, Mali, sur de Argelia, Níger, Chad, Sudán del Sur y Eritrea- son ricos en petróleo, gas, oro, cobre, diamantes y uranio. Níger, por ejemplo, abastece a las plantas nucleares de Francia y también a las de España -aproximadamente un 15% del uranio con el que se trabaja en España procede de este país-. La región del Sahel es, por tanto, de vital interés estratégico y económico.

¿Y qué podría pasar en el futuro?

La presencia de diversos grupos terroristas –principalmente AQMI, pero también el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad o la secta islamista Boko Haram- y redes criminales internacionales en la región no hace prever un fin de la inestabilidad a corto plazo. De hecho, la misión europea en la zona (EUTM Mali) se extenderá, en principio, hasta mayo de 2016. En la EUTM Mali participan, además de España, más de medio centenar de militares de 22 países de la Unión Europea.

(Foto: Luis Rico)
M. Ángeles Moya
http://www.onemagazine.es
    
                                                                                

viernes, 25 de julio de 2014

Siniestro del Swiftair: los yihadistas de Malí disponen de misiles tierra-aire SA7


 

 

Un miliciano de Libia con uno de los lanzamisiles SA-7 robados de los arsenales de Gadafi.


Fueron arrebatados de los arsenales libios de Gadafi y tienen capacidad para derribar un avión comercial. Hay pruebas de que los milicianos han estado entrenando

Mientras continúa la incertidumbre sobre las causas del accidente del avión de Swiftair, estrellado en Malí mientras cubría la ruta Burkina-Faso – Argelia, comienzan a surgir hipótesis que apuntan a un posible derribo por parte de algún grupo de milicianos yihadistas en la zona. En 2013 se hallaron, junto a misiles antiaéreos SA-7, manuales sobre cómo usarlos para derribar aviones comerciales.
Un miliciano de Libia con uno de los lanzamisiles SA-7 robados de los arsenales de Gadafi.
El vuelo AH5017, con 118 personas a bordo (los pilotos y parte de los tripulantes de cabina eran de nacionalidad española) perdió contacto con el control aéreo en una zona “muy conflictiva” de Malí, según la Unión Sindical de Controladores Aéreos. Además, la FAA estadounidense, organismo encargado de la seguridad aérea, advirtió de evitar esa zona ya que las milicias presentes allí tienen en su disposición armamento antiaéreo.

La investigación no ha revelado aún las causas del siniestro, y la hipótesis principal apunta a un problema de meteorología: las últimas comunicaciones del Swiftair con el control aéreo de Burkina-Faso informaban de un desvío en la ruta a causa de una tormenta.

Hipótesis del derribo

Sin embargo, la hipótesis del derribo intencionado desde tierra no ha sido tampoco descartada. Además de tratarse de una zona hostil con amplia presencia de grupos de combatientes yihadistas Ansar Dine, el Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Oriental y Al Qaeda del Magreb Islámico.

Este último grupo es especialmente preocupante, ya que existen pruebas de que los yihadistas adscritos a la red global fundada por Osama Bin Laden tienen en su poder misiles tierra-aire portátiles SA-7 con capacidad para derribar aviones comerciales.

En la primavera de 2013, al poco de comenzar la ‘Operación Serval’ –la ofensiva terrestre francesa para hacer retroceder a estos grupos-, el Ejército francés localizó cerca de Tombuctú una serie de tubos de lanzamiento de estos misiles de origen soviético. El pasado mes de febrero, el Ministerio de Defensa francés informaba del hallazgo de otros cinco tubos vacios de misiles SA-7.

Derribar un avión comercial

Las autoridades galas mostraron su preocupación tras el hallazgo, ya que este tipo de misiles es capaz de derribar fácilmente un avión comercial. No suponen, sin embargo, un peligro para los aviones militares modernos, dotados de sistemas de contramedidas capaces de evitar holgadamente el impacto de un SA-7.
Además, junto a los misiles, se encontraron manuales en árabe sobre cómo utilizar este tipo de MANPADS –nombre que reciben los misiles tierra-aire que pueden ser lanzados por un solo hombre-.

Según expertos militares consultadas por El Confidencial Digital, el uso de los SA-7 es “muy complejo y requiere entrenamiento”, pero usados correctamente se convierten en “un arma absolutamente letal contra un avión de pasajeros, aunque para ello no debería volar a gran altitud, ya que su alcance es limitado".

Robados de los arsenales de Gadafi

En 2011, en plena guerra de Libia, Estados Unidos movilizó unidades militares para proteger los arsenales de armas que iban abandonando las tropas de Gadafi en suretirada.

Uno de los objetivos prioritarios eran los misiles SA-7, que en caso de caer en malas manos podrían convertirse en una grave amenaza para el transporte aéreo en el norte y centro de África. Sin embargo, muchas de las cajas que se hallaron se encontraban vacías tras haber sido saqueadas.
Vea a continuación imágenes de milicianos sirios derribando un helicóptero con un SA-7:

 
http://www.elconfidencialdigital.com

jueves, 24 de julio de 2014

Argelia afirma que el avión desaparecido se ha estrellado


Un avión modelo MD 83 de Swiftair
   
Un avión de la compañía española Swiftair ha desaparecido de los radares con 116 personas a bordo mientras sobrevolaba el espacio aéreo de Mali.  

El vuelo, operado por Air Algerie, partió desde Ouagadougou, capital de Burkina Faso, y se dirigía a Argel, capital argelina. En estos momentos la mayoría de las hipótesis apuntan a un accidente provocado por las difíciles condiciones climáticas de la zona. Algunas, como la agencia Reuters, ya señalan que el avión se ha estrellado.

De las 116 personas a bordo, 110 eran pasajeros, 50 de ellos eran de nacionalidad francesa, según informó la agencia de noticias TSA Algerie en su cuenta de Twitter. Mientras, las seis personas restantes, todos tripulantes de cabina y pilotos, eran de nacionalidad española: dos mallorquines, tres madrileños y un vasco, según cuenta RTVE. 

El vuelo AH5017 estaba operado por un avión MD83 y tenía que haber llegado aproximadamente a las cinco de la mañana –hora local– a su destino, después de partir en torno a la 1:15 minutos de la madrugada –también según la hora local–.

Por su parte, la agencia de noticias AFP ha informado de que una fuente de Air Algerie había solicitado al avión cambiar su rumbo a la altura de la ciudad malí de Gao, a unos 500 kilómetros de la frontera argelina, debido a la escasa visibilidad en la zona. Fue al cambiar la ruta cuando se perdió el contacto, minutos antes de que se cumpliese la primera hora de vuelo. Por su parte, el Gobierno francés ha anunciado que ha enviado dos cazabombarderos Mirage 2000 para intentar localizar el avión.

Según la agencia TSA Algerie, además de los 50 pasajeros de nacionalidad francesa, 24 serían de Burkina Faso, ocho del Líbano, seis de Argelia, cinco de Canadá, cuatro de Alemania, dos de Luxemburgo y otros dos de Bélgica y uno de cada uno de estos países: Suiza, Nigeria, Egipto, Mali, Camerún, Ucrania y Rumanía. 

Aún quedarían varios pasajeros por identificar, aunque hay medios que apuntan a una fuente libanesa que habría señalado que los pasajeros procedentes de este país serían 10.

El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, ya se ha puesto en contacto con su homólogo argelino, Ramatane Lamama, para ponerse al tanto sobre el accidente; del mismo modo que lo ha hecho con los embajadores españoles en Burkina Faso y Argelia. Lo ha hecho desde Túnez, donde se encuentra realizando una visita oficial.

“En estos momentos los equipos de emergencia y personal de la compañía están trabajando para averiguar lo sucedido. A medida que se vayan conociendo más detalles se irán emitiendo nuevos comunicados”, reza el primero de los emitidos por Swiftair. La compañía ha facilitado un teléfono de contacto -+34 900 264 270- para informar a los familiares de los ocupantes del avión.

Este avión modelo MD83 tiene capacidad para 167 pasajeros y alcanza una velocidad de crucero máxima de 893 Km/h.

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