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viernes, 17 de abril de 2015

La guerra del futuro: mortíferas colmenas aéreas cargadas de misiles baratos

. youtube.com/DARPAtv


Un nuevo proyecto de DARPA sugiere una estrategia para el uso de los aviones de transporte convertidos en 'colmenas' llenas de misiles de crucero y aviones no tripulados y sujetas a control remoto desde un caza furtivo tipo F-35.
Una de las principales tareas de la Fuerza Aérea es la supresión de los sistemas de defensa aérea enemiga. Esto significa la necesidad de jaquear los sistemas informáticos, suprimir sus comunicaciones electrónicas y neutralizar los radares de defensa aérea. Típicamente, esto se hace en las primeras etapas de una guerra.

El nuevo proyecto de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) pretende construir un sistema de comunicación entre una base, drones y una aeronave de combate, para que todo ello, en su conjunto, funcione con el fin de destruir posiciones de defensa aérea enemigas. El proyecto se llama System of Systems (SoS) Integration Technology and Experimentation (SoSITE) y su objetivo es hacerse con los sistemas de control del enemigo.

 

Pero una cosa es disponer de un conjunto de misiles, aviones no tripulados y aviones de combate y otra completamente distinta es conseguir que todos estos elementos interactúen y además lo hagan de modo que no sea confundido el piloto del F-35 y sin que su propio sistema informático sea destruido por 'hackers' enemigos.

A continuación les presentamos un video que demuestra esta idea. El F-35 vuela hacia el radar de defensa antiaérea enemiga y le sigue la base: una versión especial del avión de transporte C-130 cargado de misiles de crucero y drones.

Acto seguido el C-130 lanza varios drones en la dirección del objetivo con la misión de 'atascar' su radar y transmitir datos sobre el blanco al F-35.

La función del piloto del F-35 es clasificar lo que 'ven' los drones y pasar a la base, es decir, a la aeronave C-130, los datos para el ataque. Un algoritmo informático clasifica lo que 'ven' los drones y el piloto del F-35 ve solo lo que debe ver.


Una vez 'neutralizado' el radar enemigo, el C-130 lanzará un 'enjambre' de misiles de crucero baratos en la dirección del radar del enemigo. Cada ojiva de misil es relativamente pequeña, pero el efecto de su uso masivo será enorme.

En esta situación la defensa aérea podrá hacer muy poco. En el mejor de los casos se logrará derribar unos cuantos misiles, pero su mayor parte podría impactar en la defensa antiaérea enemiga… Impactar como un enjambre de mosquitos: porque lo cierto es que no es posible acabar con todos a la vez.

sábado, 14 de diciembre de 2013

En la guerra del futuro no habrá vencedores

 


En su mensaje anual a la Asamblea Federal el presidente Vladímir Putin abordó el tema del Ataque Global Inmediato. Según el mandatario, Rusia sigue atentamente el desarrollo de la situación.

Hace años que los norteamericanos están obsesionados con la idea del Prompt Global Strike (PGS) (Ataque Global Inmediato). La idea se basa fundamentalmente en obtener la posibilidad en lanzar un ataque no nuclear contra cualquier punto del planeta a más tardar sesenta minutos después de adoptada la resolución correspondiente. 

Desde luego que la concepción del PGS prevé las tecnologías más modernas. De las tradicionales, heredadas del siglo pasado, los misiles intercontinentales provistos de ojivas convencionales de alta precisión; de las modernas – los sistemas hipersónicos de alta precisión y el arma de impacto cinético. 

Se trata de barras pesadas poco fusibles de volframio de cinco a diez metros de largo, que se lanzan con alta precisión desde la órbita terrestre. Según los cálculos realizados por los norteamericanos, el impacto libera una energía equivalente al estallido de doce toneladas de explosivos; de las tecnologías del futuro – los medios a control remoto de neutralización de las cargas nucleares sobre la base de la física de altas energía o los aerosoles precipitados finamente divididos que imposibilitan el despegue de los aviones. 

En general, el escenario del PGS no se parece al acostumbrado escenario de la catástrofe nuclear, con que nos asustaban durante toda la segunda mitad del siglo pasado. Sin duda alguna, la guerra del futuro será no menos catastrófica, pero la modelarán según patrones totalmente diferentes. 

El clásico misil balístico intercontinental como elemento del ataque global inmediato presenta toda una serie de defectos. Y el primero de ellos consiste en que su lanzamiento es fácil de detectar con los actuales medios de defensa antimisiles. Si el PGS se lanza contra un país del tercer mundo, este defecto no tiene mayor importancia. Si se lo hace contra una potencia tecnológicamente avanzada, el asunto adquiere un giro desagradable para el agresor. 

Otra cosa diferente son los misiles crucero. Entre las partes más fuertes de esta arma, que se desprenden de la experiencia de su aplicación, cabe destacar su alto encubrimiento en comparación con otros medios de ataque aéreo, el gran alcance del tiro, la excelente precisión del impacto en el objetivo, que garantiza la fiabilidad del impacto y minimiza las destrucciones colaterales. 

Entre las partes débiles de los misiles crucero, que facilitan la lucha contra ellos, están la baja velocidad del vuelo, la gran amplitud de tiempo de los disparos contra diferentes objetivos y la complejidad de la programación de las tareas del vuelo. Ahora los norteamericanos procuran resolver estos defectos, dice del director de la revista Natsionálnaya Oborona (Defensa Nacional), Ígor Korotchenko: 

Los nuevos misiles crucero norteamericanos poseen propiedades muy importantes. En primer lugar, la posibilidad de reprogramación durante el vuelo: ingresa la información codificada desde un satélite o avión retransmisor y la tarea del vuelo se recarga, si bien el misil ya ha sido lanzado contra el objetivo. 

Y la segunda particularidad importante es la posibilidad de reprogramar el ataque de tal manera que los impactos contra los objetivos se produzcan en un mismo momento. Está claro que los misiles son lanzados desde submarinos, buques de superficie y aviones estratégicos. Y los objetivos son diferentes, igual que el tiempo del impacto en cada uno de ellos. Pues los norteamericanos quieren sincronizar los impactos a un segundo de diferencia. 

Durante un ataque masivo de quinientos o seiscientos misiles crucero, técnicamente es imposible batir a todos ellos. 
En este caso los guiones pueden ser diversos y no se trata de ninguna película de suspense. Es el nivel actual del desarrollo de las tecnologías en el mundo. Es la concepción del ataque global momentáneo y cegador, que deja un caos. 

Una de las tesis principales de la concepción del PGS consiste en la renuncia limitada o total al empleo de las ojivas nucleares. Es que los norteamericanos hoy pueden lograr con armas convencionales exactamente lo mismo, pero a un nivel tecnológico más alto. Por lo demás, los analistas no excluyen que tras el ataque global inmediato, el conflicto puede pasar al habitual fase termonuclear, señala Ígor Korotchenko: 

El tiempo de vuelo del misil balístico intercontinental desde territorio de EEUU hasta el momento del impacto en Rusia es de unos treinta minutos. Durante esa media hora, una vez registrado el lanzamiento de los portadores,Moscú debe tomar las resoluciones correspondientes. 

Lo único que no se puede detectar es si llevan ojiva nuclear o no. Se registra el lanzamiento del misil balístico, se calculan los parámetros de su trayectoria y el lugar aproximado de la caída de la ojiva en territorio de Rusia. Se pone en marcha el mecanismo de reacción. El sistema de aviso de un ataque con misil da la correspondiente señal de alarma. 

Un ataque masivo contra territorio de Rusia con armas convencionales de alta precisión, pienso que es un motivo suficiente para un contraataque nuclear.

Lo principal es que la concepción del ataque global instantáneo prevé la puesta fuera de servicio de los principales centros de gestión del Estado y de las fuerzas armadas, y asimismo la destrucción de los principales objetos de la infraestructura económica y militar, fallos en las líneas de comunicaciones, la destrucción de los centros transmisores de la ondas de radio y televisión, la alteración de los suministros energéticos. O sea que se produce un caos instantáneo. Y, acto seguido, se puede tener lugar un segundo ataque, pero ya nuclear. 

Pero no se sabe si se lo hará o no. Es lo mismo que vivir con un garrote sobre la cabeza sin saber si te golpearán o no. Sea como sea, ya no se podrá reaccionar. El Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas juzga sobre los riesgos y amenazas actuales para Rusia a partir del potencial técnico que poseen otros Estados. Semejante tipo de análisis nos lleva a conclusiones desconsoladoras para nosotros. 

La concepción del PGS que está elaborando el Pentágono es un nuevo irritante de las relaciones de Rusia y EEUU. Las partes necesitan mayores medidas de confianza. Caso contrario nos veremos ante una nueva espira de la carrera armamentística. Los militares sostienen que cuando los norteamericanos se hagan con las posibilidades técnicas para desencadenar semejante guerra, Rusia también dispondrá de un armamento similar. Pero, en todo caso, la paridad global quedará alterada, estima Ígor Korotchenko: 

Sabido es que anteriormente se conformó un equilibrio de los potenciales militares que se basaba, en buen grado, en que Rusia y EEUU nivelaron las posibilidades de desatar una eventual guerra, debido a que ambos estados poseen el arma nuclear. De tal modo, el estallido de una guerra mundial se volvió prácticamente imposible. 

La moderación en el comportamiento condicionó el riesgo de destrucción recíproca. Disminuyó la conflictividad en las relaciones entre los estados nucleares. 
Sin embargo, los programas que EEUU ejecuta en las últimas décadas, particularmente el programa de defensa global antimisiles y los programas de creación del potencial para un ataque global inmediato con armamento convencional altera la estabilidad estratégica y hace imprevisible el desarrollo de la situación. Rusia, como potencia nuclear, puede verse en una situación en que su potencial nuclear puede quedar devaluado. 

El período pacífico iniciado a mediados del siglo pasado y que se prolonga hasta ahora, durante el cual la humanidad logró evitar el deslizamiento hacia una guerra global, fue posible precisamente en virtud de que la destrucción mutua estaba garantizada. Sería mejor que la paz en el planeta no se base en el miedo, sino en el amor. Pero, lamentablemente, no es así. Y si los planes de EEUU pueden socavar la estabilidad regional y global, y acercan el juicio final, se debe renunciar a esos planes independientemente que los beneficios y ventajas que auguren, porque, en realidad, nada ha cambiado: en la guerra del futuro, al igual que en un conflicto termonuclear, no habrá vencedores. 

© Foto: Chad Bellay, United States Air Force, en.wikipedia.org


martes, 19 de febrero de 2013

La guerra del futuro


 
Desde la guerra justa, proclamada por Santo Tomás de Aquino, hasta la guerra encubierta que se está llevando a cabo actualmente en muchos puntos del globo, principalmente contra el terrorismo, existe un abanico de interpretaciones jurídicas que dan lugar a diferentes conceptos de cómo debe entenderse el término "guerra" en el marco del derecho internacional.
 
En el momento actual, el continuo uso por Estados Unidos de los aviones no tripulados, los drones, arma fundamental desde hace años para la eliminación de Al Qaeda y sus franquicias, desde Pakistán y Afganistán hasta Somalia y Yemen, prioritariamente, está poniendo en cuestión la legalidad de este tipo de guerra encubierta donde los asesinatos selectivos constituyen acciones habituales.


De hecho, en las audiencias que se han celebrado estos últimos días en el Senado norteamericano, para la confirmación de John Brennan como director de la CIA, hasta ahora asesor presidencial en la lucha contraterrorista, se han tratado en profundidad los ataques selectivos contra terroristas que han conducido a la nación a un crítico estado de confusión ética y moral.

De acuerdo con fuentes militares norteamericanas, durante los primeros once meses de 2012, se han llevado a cabo 447 ataques con drones en Afganistán, cifra realmente alta en relación con los 294 ataques realizados en todo el año 2011. Durante la presidencia de Obama se han efectuado más de 300 ataques con drones en Pakistán, un país con el que Estados Unidos no está en guerra. La New America Foundation estima que, desde el año 2004, los diferentes ataques con drones llevados a cabo por la CIA, han producido más de 261 víctimas civiles.


Los problemas éticos, morales y legales que originan estas actividades bélicas pueden influir gravemente en tres campos. El primero, en la posibilidad de atentar contra la soberanía de un país atacando objetivos dentro de su territorio sin pedir autorización, lo que va en contra de lo estipulado por el derecho internacional.

El segundo tipo de repercusiones se dirige al inicio de una clase de guerra encubierta que no ha existido hasta ahora, ya que el atacante es invisible mientras que el atacado no es consciente de que un enemigo le puede atacar. Se trata de un asesinato selectivo, sin previo procedimiento judicial. Es una guerra, cuanto menos sujeta a un nuevo código ético de difícil aceptación por los países democráticos.

Una tercera derivación se refiere a la extensión internacional de esta clase de acciones encubiertas. En el momento actual, puede haber más de 70 países que están desarrollando drones o que están en negociaciones para adquirirlos. El uso que harán de ellos, siguiendo el modelo norteamericano, nos lo podemos imaginar. El problema no es sólo de Estados Unidos sino de toda la comunidad mundial.


Entramos en una nueva era en la que el concepto y la justificación de los nuevos tipos de guerra están cambiando, de forma acelerada. Esperemos que el expediente abierto en la ONU, el pasado 25 de enero, por esta causa, pueda encontrar la fórmula adecuada para que estas actividades de los drones sean reguladas en plena concordancia con el derecho internacional.

Jesùs Argumosa

Jesús Argumosa es General de División. Fue Jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa (EALEDE) del CESEDEN (2005-2009).
http://www.revistatenea.es  
 

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