martes, 21 de mayo de 2013

Treinta años del FACA

 


 
La industria de defensa española ha conocido grandes efemérides en sus muchos años de historia. Si nos remontamos solo al siglo XX, hay momentos para el recuerdo que tuvieron un impacto radical sobre el sector y para el conjunto del país. La fundación de hispano suiza fabricante de los motores de avión más cotizados en Europa en su época; de Construcciones aeronáuticas en 1923, la transformación de la sociedad de construcciones navales en Bazán, la primera ley de dotaciones para las fuerzas armadas de 1971; el programa AMX 30; el desarrollo del Saeta y el supersaeta; la construcción de un portaaeronaves y la primera exportación de la historia de un portaviones nuevos a un tercer país.

Pero sin duda, conviene recordar que hace treinta años, exactamente en mayo de 1983, se firmaba la compra de 72 aviones F-18 a la compañía Mc Donnell Douglas, y como consecuencia de ese contrato se firmaba un acuerdo de compensaciones industriales que supuso una transformación radical de la industria, que gracias a este programa, y en paralelo al programa Eurofighter, y sin duda este segundo no hubiera sido posible sin el primero, puso a la industria en paridad con los grandes países europeos.

 
Gracias al FACA la tecnología de ultima generación en el campo de la electrónica y la aviación llego a nuestro país, lo que no se había conseguido con los acuerdos de cofabricación del F-5 con Northrop o de los Mirage con Dassault. Desde el punto de vista operativo puso a nuestra fuerza aérea en la primera línea junto a nuestros aliados. Sin los F 18 no hubiéramos podido estar en ni en Bosnia ni en Kosovo.

No se trata ahora de enumerar todo lo que supuso en términos de transferencias de tecnología, pedidos, coproducción, apertura de mercados etc el programa de compensaciones calificado como el más exitoso a nivel internacional y del que todavía se habla en todos los foros internacionales. Por mencionar solo dos pequeños ejemplos de su impacto, la consolidación de la capacidad en simulación y bancos automáticos de prueba, el banco de ensayo de reactores del INTA y el mantenimiento de motores.

 
El programa FACA, abrió una política de cooperación industrial ejemplar y modelo para otros muchos países, especialmente del área iberoamericana. Pero sin duda Europa también vieron en España un ejemplo países como Polonia y Hungría que se fijaron mucho en nuestra experiencia para desarrollar su propia política de offsets. Sin duda es lo que los nostálgicos de aquellos tiempos llamamos una auténtica y fortalecida imagen nacional en el exterior. Fue un acierto del ministro Serra crear una gerencia empresarial para gestionar un activo público como es el acuerdo de compensaciones, lo que no fue nada fácil en momentos en los que los funcionarios se creían capaces de hacer cualquier cosa.

Desde esa fecha de 1983 y hasta 2007, el ministerio de defensa  a través de la Gerencia de Cooperación industrial tuvo una política industrial activa  en el campo de la defensa, protegiendo a la industria nacional pero con inteligencia y no con medidas proteccionistas que devinieron inútiles; poniéndola en condiciones de competir con terceros países, y con un decidido apoyo a la internacionalización.
Si miramos los problemas actuales de la industria española; no muy diferentes de los de 1984 o 1996, no hay nada que inventar, solo echar mano de los libros y las hemerotecas, para conocer que lo que en el pasado fue un éxito.

 
El consejo de ministros que aprobó el programa F 18 decidió reducir el pedido final de 84 a 72 aviones, asignando el presupuesto sobrante a capacitar a la industria de defensa para recibir de forma eficiente sus compensaciones y proyectar sus capacidades para los próximos años. A esto se le llama visión industrial. Después vinieron otros muchos éxitos. El programa AV8B; la exportación de las fragatas a Noruega sobre la base de un gran acuerdo de compensaciones gobierno gobierno; la creación de la oficina de exportación de Eurofigther; los programas de cooperación industrial del carro Leopardo 2E y del submarino S-80 y el programa Tigre con la creación de Eurocopter España;  la resolución del contencioso del programa de alquiler de los carros Leopard 2, la exportación de patrulleros a Venezuela; los acuerdos estratégicos con Lockheed Martin que dieron píe al programa de Australia, la venta de sistemas de simulación y bancos de prueba al US Marine Corp y los programas de entrenamiento de las tripulaciones de los submarinos Scorpene vendidos a Malasia y Chile. Nadie puede acumular mayor bagaje de éxitos que lo que fue la Gerencia de Cooperación industrial obviamente de la mano de los cuarteles generales, Dirección General de Armamento y Material y las industrias.

 
Sin embargo, la nefasta política zapaterista que ha llevado al desarme unilateral a nuestro país, jibarizando su prestigio e influencia exterior, y llevándonos a la crisis más dura sufrida por los españoles desde la posguerra, ha echado por tierra todos los esfuerzos realizados, lo que ha sido reconocido por no pocos colegas de su partido que tuvieron un papel esencial en el desarrollo de la exitosa política de cooperación industrial y en especial Narcís Serra y Julián García Vargas.

Hoy tenemos la industria de los expedientes de regulación de empleo; de la inactividad; del cierre, del abandono y de la desesperación. Hace treinta años comenzábamos un camino de ilusión y hoy estamos repartiéndonos los despojos. No se ve un horizonte, ni claridad en la política de defensa; es mas no existe. El país y sus ciudadanos están abandonados a su suerte y a esperar que por el azar del destino no tengamos que movilizarnos un día para defender nuestra soberanía o la seguridad de nuestros ciudadanos porque lo tendremos que hacer a palos mientras que los potenciales adversarios continúan su proceso de modernización alterando el equilibrio estratégico.

Lamentablemente la situación actual no es culpa de los gestores del ministerio, que bastante hacen con pagar la nómina. Cuando uno no sabe si va a comer mañana, que proyecto de vida a largo plazo se puede hacer, el único afán es que cada día vaya pasando y que por lo menos no estemos peor; esta en definitiva la política que el gobierno puede hacer.

 
Pero, sí que al menos hay acciones que no cuestan dinero, y que solo son una cuestión de voluntad. Todos sabemos que a menudo las decisiones políticas se basan en instintos o motivaciones como la envidia, el egoísmo o la codicia, y que cuando alguien se encuentra con el poder, bien sea porque otro estúpido lo nombró, o bien porque sus jefes hacen dejación de sus funciones, o bien sea por puro capricho, es capaz de poner en marcha una aberrante maquinaria que puede llevarse por delante el esfuerzo y los logros conseguidos, y siempre confluyen más los intereses en destruir que en construir; y así ocurrió.

No es un país que esté acostumbrado a premiar el celo y la honestidad, pero creo que ha llegado el momento de que el gobierno y la industria reconozcan a la persona que fue el máximo artífice en el día a día de estos éxitos, con motivo de este aniversario. El gobierno y la industria deben hacer un reconocimiento público de quien ha demostrado en más de cincuenta años de vida al servicio de España vocación, rigor, profesionalidad y honestidad y que todavía sigue en la brecha. Hace treinta años comenzó una fascinante historia para la industria de defensa que hoy es justo rememorar y extraer lecciones para el futuro.

Infodefensa.com   
Enrique Navarro 
Enrique Navarro es consejero delegado de la consultora IC2 y analista experto en temas de Defensa y Seguridad.Actualmente trabaja en Estados Unidos.

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