Suiza está más cerca de hacer efectiva la esperada compra de 22 cazas Gripen a la firma sueca Saab,
tras un año de dudas acerca de esta operación por cuestiones técnicas,
financieras y de posible incumplimiento de plazos.
El comité de
seguridad del Consejo Nacional suizo (cámara baja)
aprobó este martes con catorce votos a favor y nueve en contra la
adquisición de los aviones. El resultado anticipa una votación favorable
del propio pleno del Consejo Nacional –formado por doscientos representantes del pueblo– que tendrá lugar en septiembre.
El vicepresidente ejecutivo y jefe del área de negocios aeronáuticos de Saab, Lennart Sindahl, ha mostrado la satisfacción de la compañía por esta decisión, que supone “un respaldo muy positivo para el programa Gripen”.
Los propios planes del país fabricante, Suecia,
de adquirir sesenta unidades del caza dependen de esta venta a Suiza, a
menos que se hallase un nuevo socio, según el acuerdo de desarrollo y
coste compartido suscrito por ambos países. De continuar adelante el
programa sueco supondría una inversión de 90.000 millones de coronas
suecas (10.240 millones de euros al cambio actual) destinados a su
desarrollo, compra y gastos de operación hasta el año 2042.
En cuanto a las aeronaves suizas, de no producirse ningún contratiempo, remplazarán a los viejos F-5E Tiger con los que ha estado operando hasta ahora y prestarán servicio junto a los 33 F/A-18 Hornet con los que ya cuenta su fuerza aérea.
Las
autoridades suizas han reconocido que su propósito es adquirir un avión
de combate capaz pero sin la intención de obtener el máximo
rendimiento, ya que de ese modo se podrán financiar otros recursos de
las fuerzas armadas que puedan ser necesarios.
Informe negativo de una comisión parlamentaria
Suiza
dispone de un fondo especial creado para financiar esta adquisición.
Esa reserva se asienta sobre una ley federal ex profeso denominada Ley del Fondo Gripen que puede ser objeto de un referéndum, lo que ha llegado a vislumbrarse en los últimos meses.
Las
dudas sobre las compras suizas se plasmaron hace ahora justo un año –a
finales de agosto de 2012– con la publicación de un informe elaborado
por la comisión parlamentaria de seguridad del país en la que se
apuntaba que la elección de este modelo comportaba riesgos técnicos,
comerciales, financieros y de entrega a tiempo.
El ministro de defensa suizo, Ueli Maurer,
salió al paso de esas críticas asegurando que no se producirán cambios
en el precio de compra de los Gripen porque estaba garantizado por el
acuerdo. Maurer recordó que el Gripen “era la opción más barata”, comparado con el Dassault Rafale frances y el Eurofighte desarrollado con capital británico, alemán, italiano y español.
Competidor del Eurofighter y el Rafale
La controversia llegó a tal punto que Dassault Aviation
trató de aprovechar la oportunidad presentando una nueva oferta a Suiza
con cuatro opciones posibles: 22 aviones por 3.300 millones de dólares
(unos 2.500 millones de euros); 18 con todas las capacidades pedidas por
Suiza por 3.100 millones de dólares (2.300 millones de euros); 18
unidades sin simuladores ni capacidades de reconocimiento ni de
aire-tierra, y, finalmente, 12 cazas con todas sus capacidades y
simuladores, con una eficiencia operativa que según Dassault les hace
comparables a la de los 22 Gripen por 2.340 millones de dólares (cerca
de 1.800 millones de euros).
El modelo que previsiblemente va a adquirir Suiza, y del que consecuentemente se fabricarán más unidades para Suecia, es el Gripen E, la nueva generación de este avión de combate con el que el Eurofighter Typhoon –fabricado por España, Alemania, Gran Bretaña e Italia–, y el Rafale francés compiten en el mercado internacional.
Foto: SAAB
Infodefensa.com
Ginés Soriano
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