viernes, 18 de abril de 2014

La defensa antimisiles de Europa, en manos de EE.UU.

 



 
Nada más comenzar su segundo mandato, el presidente Obama decidió suprimir la última fase del sistema defensivo antimisiles a desplegar en Europa, el EPAA (European Phased Adaptive Approach), por considerar más necesario y urgente hacer frente a la creciente amenaza que supone Corea del Norte, que defenderse de un hipotético ataque con misiles realizado por Irán, objetivo que perseguía esa última fase.

También alegó razones presupuestarias y dificultades tecnológicas. Es por ello que, en lugar de instalar en Polonia los interceptores contra los misiles de largo alcance que preveía el EPAA, Obama ha decidido desplegar otros 14 interceptores GBI (Ground Based Interceptor) en Alaska, donde ya hay 26 instalados, a los que hay que sumar los cuatro desplegados en California. Con esta decisión quedaba despejada una de las incógnitas que acompañaban al EPAA desde su inicio, pues siempre han existido muchas dudas de que se llegara a implementar en su totalidad. 


En septiembre de 2009, Obama había realizado una drástica revisión de la política antimisiles, sustituyendo el programa defensivo iniciado por Bush –que consideraba poco realista- por el EPAA, al que se le dio un enfoque gradual y por etapas que iría avanzando en función de la evaluación de la amenaza y de los avances tecnológicos logrados, probados y con un coste asumible. 

El cambio se producía porque los misiles balísticos iraníes de corto y medio alcance -con capacidad para alcanzar el territorio europeo- se habían desarrollado más rápidamente de lo previsto; mientras que los de largo alcance, los que afectan a Estados Unidos, iban progresando más lentamente, y, por tanto, la prioridad era proteger a las fuerzas estadounidenses desplegadas en Europa, así como al territorio y la población de los aliados. 

A ello había que sumar los grandes avances conseguidos en las tecnologías de sensores e interceptores contra los misiles de corto y medio alcance. El EPAA quedaría integrado en la red de control y mando del sistema antimisiles de la OTAN.

 
En principio el EPAA se desplegaría en cuatro fases: La primera concluyó en 2012 y consistió en una rotación continua por el Mediterráneo de destructores estadounidenses dotados con el sistema de defensa antimisil Aegis; un radar de alerta previa instalado en Turquía, a unos 700 kilómetros de la frontera con Irán; y un centro de control y mando en la base de Ramstein, en Alemania.

 

La segunda fase concluirá en 2015 con el despliegue de una versión más avanzada del interceptor SM-3 y con sensores y radares más potentes, a fin de poder ampliar el área defendida. Se instalarán en Rumania un total de veinticuatro interceptores terrestres. 

El componente naval lo conformarán los cuatro destructores de la Armada estadounidense equipados con el sistema Aegis, que tendrán su base en España. Los dos primeros llegarán a Rota (Cádiz) a lo largo de este año y los dos restantes, a lo largo de 2015. España y Estados Unidos han modificado el convenio militar que existía entre ambos países y se ha incluido una cláusula por la que se prorroga durante ocho años, como una garantía de permanencia para justificar las inversiones realizadas. 

El Ministro de Defensa, Pedro Morenés, afirmó en una comparecencia en el Congreso de los Diputados que es del interés de España que la Alianza Atlántica se dote de una capacidad plena de defensa antimisil y que la cesión de Rota para el estacionamiento de los cuatro buques estadounidenses es la aportación que realiza España al proyecto antimisiles aliado. Sin duda, la base de Rota gana peso estratégico, pero también incrementa su valor como objetivo a atacar para cualquier enemigo de la OTAN.

 
La tercera fase finalizaría en 2018 con el despliegue en Polonia de una versión aún más avanzada del SM-3, que habría de tener capacidad para interceptar misiles de alcance corto, medio e intermedio. La recientemente eliminada cuarta y última fase, a desplegar en 2020, también en Polonia, tendría capacidad para interceptar misiles balísticos intercontinentales.  

Cuando suprimió la última fase, el presidente Obama reafirmó la vigencia de su compromiso con la defensa antimisiles de la OTAN y alegó que la decisión no se tomaba por contentar a Rusia, que siempre ha sostenido que la cuarta fase del EPAA afectaba a sus fuerzas nucleares estratégicas de disuasión y que, por tanto, constituía el principal obstáculo para cooperar y para reducir su armamento nuclear.

 
Aunque estas objeciones deben entenderse no sólo como una preocupación militar por la defensa antimisiles, sino como una oposición política y estratégica a la expansión de la presencia estadounidense en el Este de Europa, que es precisamente lo que Polonia y Rumania quieren asegurar al permitir instalar los interceptores en su territorio  como garantía para su seguridad. Empero, conseguir un nuevo acuerdo para reducir aún más los arsenales nucleares es el principal objetivo de Obama y la supresión de la cuarta fase ha favorecido que se reinicien las negociaciones.

Belén Lara
http://www.onemagazine.es

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