domingo, 10 de abril de 2011

La general que clavó a Gadafi en el suelo

Margaret Woodward dirigió 1.600 misiones de la Operación Amanecer de la Odisea, con las cuales impidió todo movimiento aéreo al dictador libio. EL PAÍS ha hablado con ella
JUAN GÓMEZ 10/04/2011
Los aviones dirigidos por Margaret Woodward golpearon en Libia después de que más de cien misiles Tomahawk reventaran las defensas de Gadafi. Su objetivo: conquistar la supremacía aérea sobre toda Libia antes de que el dictador liquidara a los últimos rebeldes en Bengasi. La general de división Margaret H. Woodward comandó los bombarderos furtivos B2, los F-15 o los AC-130 de la Fuerza Aérea estadounidense que ejecutaron la Operación Amanecer de la Odisea, cumpliendo la Resolución 1973 de Naciones Unidas en coordinación con las Fuerzas Aéreas de Francia (las primeras en abrir fuego) y Reino Unido.


Se insinuó que no estaba preparada para la guerra. Los expertos reconocen ahora que la operación fue un éxito

Es la primera vez que una mujer manda una operación aérea de semejante potencia de fuego e importancia táctica. Cuando ingresó en la US Air Force, las mujeres tenían vedado entrar en combate. A los 51 años, y más bien a su pesar, Maggie Woodward protagonizó entre el 19 y el 31 de marzo un capítulo clave en la incorporación de las mujeres a la guerra.

Al teléfono con EL PAÍS, la general elude cualquier valoración sobre el criterio o las intenciones del mando civil y destaca el "trabajo excelente de los 11.000 implicados" en el cumplimiento de la misión. Para los analistas militares es indudable que, pase lo que pase en Libia a partir de ahora, la operación Amanecer de la Odisea fue un éxito: solo se perdió un avión. El F-15E cayó sobre Libia por "fallos mecánicos", según explican en la base alemana de Ramstein. Allí tiene Woodward bajo su mando la 17ª Fuerza Aérea de Estados Unidos. Los pilotos del cazabombardero se salvaron y pudieron ser rescatados, así que el revés aliado se limita a los 31 millones de dólares del aparato. La Alianza contuvo a las fuerzas de Gadafi a las puertas del bastión rebelde y enterró cualquier capacidad aérea del régimen.


La general Woodward vive en Alemania desde junio pasado. Antes de la charla, una oficial previene: no se aceptan preguntas sobre las operaciones posteriores a Odyssey Dawn, que terminó el 31 de marzo, cuando la OTAN asumió el mando. De fondo se escucha a la general, que reacciona con sorpresa guasona cuando le responden que "está en su derecho de no contestar". Se pone al teléfono: su cordialidad queda explícita desde que saluda intentando pronunciar bien el nombre de pila del interlocutor hasta que se despide dando las gracias en castellano. En las redes sociales circulan algunas fotos de ella sirviendo "un pavo auténtico" a la tropa en la pasada celebración de Acción de Gracias. Cuesta imaginar un rostro o una actitud más amables para el Ejército más potente del mundo.

Las aficiones de Maggie Woodward son "volar, montar a caballo, andar en bicicleta y viajar". La primera y la última quedaron bien servidas con su alistamiento en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en 1983. Woodward había querido "ser piloto desde que era una niña". Su pasión por los aviones rápidos hizo que se decidiera a pilotar un T-38 como instructora, porque "era lo más parecido a ser piloto de caza". Disciplinada, Woodward no critica "las pasadas normas que impedían a las mujeres entrar en combate" e insiste en que eran "tratadas de igual a igual, con absoluto respeto", pese a que estaban apartadas del combate. Dice que nunca sintió "ningún tipo de discriminación". Hoy, la Fuerza Aérea tiene mujeres "en todos los niveles jerárquicos y pilotando el 99% de los modelos de avión" con los que cuenta Estados Unidos. Las mujeres tienen ahora, "de verdad, las mismas posibilidades que los hombres". De pilotar, de combatir y de mandar, como es su caso.


Tras el inicio de Amanecer de la Odisea, un artículo en Foreign Policy (FP) explicaba en Internet que Woodward había asumido el mando de la 17ª Fuerza Aérea, "sobre todo para desempeñar acciones de ayuda humanitaria" en África. La 17ª es parte de Africom, el mando estadounidense responsable de las acciones militares en los 53 países del continente africano. Según sugería la pieza del experto militar Thomas E. Ricks en FP, la general Woodward se había visto envuelta en una guerra para la cual, como experta en transporte, aprovisionamiento y reabastecimiento en vuelo, podría no estar preparada. Se desató entre los lectores un debate sobre los prejuicios contra las mujeres en el Ejército. La propia Woodward lo ataja, lapidaria: "No le quepa duda: nada de lo que pasa en la Fuerza Aérea de Estados Unidos responde a la casualidad". Reitera que todos los mandos están preparados "para cualquier orden o contingencia que se les presente". Lo cual no le impide destacar que los altos oficiales de Estados Unidos no viven "deseando entrar en combate" y que Africom y la 17ª bajo su mando "mantienen un compromiso con la prevención de los conflictos armados" en África. Es "una tarea sin fin". Respecto a la situación en Costa de Marfil, Woodward insiste en su disposición a "colaborar con la ONU o con Francia" si se diera el caso.

La general Woodward no recuerda cuándo sintió por primera vez "el interés por volar". Pero sí recuerda cómo, cuando era pequeña, su abuelo "le mostró una vieja fotografía de su antiguo avión de combate, que estaba decorado con pinturas en el morro" (que a menudo dan un nombre femenino a la máquina). El viejo Jenny, que era como se conocía a los biplanos Curtiss JN-4 de la I Guerra Mundial, llevaba pintado el nombre Maggie. Es el diminutivo de Margaret, el mismo que puede leerse en la placa de identificación sobre el uniforme de Woodward. Sus allegados la llaman así y también los demás pilotos durante las misiones de vuelo.

El abuelo apenas usó aquel Curtiss JN-4 en la I Guerra Mundial. "Lo mandaron a Francia en 1917 y...". Aquí se detuvo un instante la general que hace un par de semanas mandó decenas de los aviones más sofisticados del mundo a arrojar más de 750 bombas en cerca de 1.600 misiones aéreas sobre Libia antes de concluir la frase: "... diría que fue una verdadera suerte que la guerra terminara nada más llegar él al frente".

http://www.elpais.com/

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