miércoles, 28 de marzo de 2012

Cucarachas al servicio del Estado









 
 
Cucarachas al servicio del Estado
Foto: EPA  Autora: Natalia Kovalenko
 
La cucaracha espía de la película  El quinto elemento, ¿puede ser realidad o es solo fruto de la fantasía? Y es que, según informaciones del periódico Corriere della Sera, científicos israelíes y estadounidenses experimentan con distintos insectos y caracoles, para emplearlos posteriormente con fines de espionaje.
Esamosca imprudente y tozuda que trata de espantar en vano podría estar simplemente fotografiando los documentos de su escritorio, en los que trabaja. Puede ser increíble, pero también cierto. Y si usted trabaja en una oficina de proyectos secretos tratará entonces de cazarla y, en el futuro, de pulverizar el lugar con insecticidas. Alexander Mijailov, miembro del Consejo de Política Exterior y de Defensa afirma que, admitida la creación del biorobot espía, ello puede reportar minutos desagradables a los rivales:

—Para distraer de sus tareas un servicio secretoextrajero para que no se ocupe más que de cazar cucarachas, basta con decir, por ejemplo, que nosotros inventamos y que los pasillos de Mossad los recorre una cucaracha rusa que acumula información. La consternación está garantizada.
A propósito, Alexander Mijailov sabe lo que dice. Hace un par de décadas, en calidad de mayor del KGB de la URSS, en el día de las bromas, que en Rusia se celebra los 1º de abril, lanzó el “bulo” que existen cucarachas con videocámaras montadas y con antenas en los bigotes que se dedican a reunir informaciones. Por cierto que en la CIA y en la Lubianka no le creyeron, pero a uno y otro lado del océano realizaron una limpieza especial de los recintos más resguardados, con fines higiénicos, naturalmente.

Sin embargo, como ocurre a menudo con los escritores de ciencia ficción, la invención se tornó realidad. En Rusia se realizan en nuestros días exitosos experimentos sobre el empleo potencial de seres pequeños para tareas de espionaje. A ello se refiere Karina Sarkisova, doctora en Biología del Instituto de Neurofisiología de la Academia Nacional de Ciencias:
—Con mi grupo logramos que el animal del experimento siguiera laruta que queremos, es decir, de un objeto a otro, subiera por una escalerilla, la bajara y tomara luego a la derecha o a la izquierda. Todos los animales tienen zonas en el cerebro, cuyo estímulo eléctrico suscita un estado de euforia. En una rata insertamos electrodos en esa zona y, en la espalda pusimos una mochilla con un generador de corriente. Yo dirigía a la distancia con ese generador de corriente que permitía irritar la estructura del cerebro. Simplemente observaba los movimientos de la rata en la pantalla del notebook y la estimulaba, si hacía el movimiento en la dirección necesaria. Yo la dirigía presionando teclas y estimulando, pero el objetivo final es mucho mas complejo aún, o sea, hacer todo eso con la mente. Y en eso no hubo problemas tampoco.

Hoy en día se considera muy promisorio este campo en la ciencia, indicaba Viacheslav Dubynin, profesor de la Facultad de Biología de la Universidad Lomonosov de Moscú:
—Estos experimentos suscitan un sinnúmero de interrogantes desde el punto de vista de la bioética. Pero, por otra parte, imagínense que no sea empleado con fines militares. Y por ejemplo que, esa misma rata va a deambular con una videocámara bajo los escombros de un edificio desplomado, como consecuencia de un terremoto, y ello ayuda a encontrar personas atrapadas allí. De ahí que esto sea interesante y promisorio. Es cierto que resulta bastante dudoso, con respecto a los insectos, porque son necesarios dispositivos muy pequeños que, difícilmente puedan cargar las cucarachas. Pero, en principio, si van a ser creados tales medios, ¿por qué no?
Está claro que, en el siglo de las nanotecnologías, las dimensiones no son problema. Baste recordar que, hace no mucho, una computadora ocupaba una habitación, mientras que hoy día cabe en la palma de la mano. Lo mismo vale para la fuente de energía. Se han realizado ya experimentos por los que, los caracoles y las cucarachas pueden generar ellos mismos la energía para los transmisores insertados en ellos. En esencia, solo resta pensar en cómo proteger estos singulares espías rabudos, alados, de seis patas de las diligentes empleadas del aseo, y comenzará entonces la producción en serie de estos biorobot s de doble uso.

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