sábado, 27 de julio de 2013

La sombra de la guerra se extiende sobre la península de Corea

 


Hoy, 27 de julio, se cumple el sexagésimo aniversario de la firma del armisticio que puso fin a la guerra de Corea.

Por lo demás, desde el punto de vista formal la guerra no terminó y ejerció una enorme influencia en toda la historia posterior de los dos estados coreanos.

Precisamente el armisticio firmado el 27 de julio de 1953 dio origen a la península de Corea que hoy existe en el mapa. Muchos de los problemas y contradicciones de la Corea de nuestros días se remontan precisamente a los tiempos de la guerra de Corea.

Corea no es el único país dividido en el planeta. En el siglo XX asimismo quedaron divididos Alemania, Yemen, Vietnam y China. Pero la peculiaridad de la situación coreana consiste en que se derramó mucha sangre entre las dos mitades del país dividido.

Alemania Oriental y Occidental no combatieron entre sí. En China, la guerra entre los partidos comunista y nacionalista (Kuomintang) fue muy cruenta, aunque, de todos modos, estaba a la sombre de la guerra entre China y Japón. Pero en Corea, la guerra entre el Norte y el Sur, realmente no terminó en nada, si bien el pueblo coreano sufrió una enorme cantidad de víctimas.

Ambos estados coreanos presentan rasgos de los tiempos de la guerra de Corea. Recordemos, por ejemplo, que a lo largo de varias décadas Corea del Sur fue una dictadura militar. De hecho era la única dictadura militar en Asia del Este. El papel político desempeñado por el ejército en Corea del Sur está ligado a la experiencia de los años bélicos. La Ley de Seguridad Nacional es otra herencia complicada de la guerra. Si no fuera por la gran cantidad de sangre derramada, a los conservadores surcoreanos les hubiera resultado mucho más difícil justificar la existencia de esa ley antidemocrática.

Por otra parte, la guerra ejerció una influencia mucho mayor sobre Corea del Norte. Precisamente en los años bélicos se formó la élite gobernante norcoreana. Desde el fin de la guerra y hasta la década de 1990 los altos y medianos cargos dirigentes en la República Popular Democrática de Corea (RPDC) fueron ocupados por exgenerales y oficiales de la guerra de Corea. Su concepción del mundo fue conformada en buena medida por la ideología y la política oficial norcoreana.

Los veteranos dirigentes norcoreanos sacaron varias lecciones de la guerra de Corea. Lamentablemente, la mayoría de esas lecciones resultaron ser poco aplicables a la vida pacífica, aunque se necesitaron muchos años para tomar conciencia de tal hecho.

La primera lección de la guerra de Corea fue la actitud apasionada hacia el ejército y el poderío militar tan característica para la RPDC. El mantenimiento del poderío del ejército empezó a acogerse como un objetivo propio.
A lo largo de décadas los dirigentes surcoreanos consideraban que su tarea básica era acrecentar al máximo el poderío militar el país y no su potencial económico.

En segundo lugar, precisamente en los años de la guerra de Corea, en la élite política norcoreana se conformaba la opinión de que las tareas políticas más difíciles pueden ser resueltas por medio de la fuerza militar. De allí la desconfianza en la diplomacia, la percepción de cualquier conflicto internacional como un “juego de suma cero”, en el que una parte pierde inevitablemente, y la otra – gana.

La tercera deducción que sacaron de la guerra en Pyongyang fue que las cuestiones más complicadas del desarrollo económico y técnico pueden resolverse mediante la movilización. Los excoroneles y generales al término de la conflagración en 1953 se pusieron al frente de las fábricas y ferrocarriles utilizando los mismos métodos de dirección que aprendieron en los frentes de batalla y que muy bien funcionaban en las unidades militares. 

De allí el carácter planificado y de movilización de la economía norcoreana. Por cierto que todas las economías planificadas son de tipo soviético, pero en Corea del Norte esta peculiaridad se manifestó de manera inusualmente brillante. Sabido es que esta peculiaridad, en definitiva, le hizo un mal juego a la economía norcoreana y, en buen grado, provocó la catastrófica crisis de la década de 1990.

De modo que la herencia de la guerra no solo se limita a las destrucciones y muertes, sino también a los cambios de conciencia. Por otra parte, es muy probable que la guerra de Corea empiece a quedar en el pasado. Ahora el poder en ambas Coreas está en manos de los hijos de los combatientes, pero ya son sustituidos por los nietos.

Sin embargo, el mayor problema generado por la guerra todavía no ha sido resuelto. Se trata de la división del país. Y no se excluye que las Coreas tengan que vivir aún muchos años con ese problema.

Foto: EPA

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