miércoles, 3 de julio de 2013

China-Rusia y el detonante sicológico de las desinformaciones


 


En medios de difusión chinos y en Internet ha sido posible leer, en los últimos tiempos, una sarta de informaciones relacionadas con un proyecto de suministro a ese país de cazas rusos Su-35S.

Se informaba en particular que durante el salón aeroespacial de Le Bourget habría sido firmado un contrato de entrega a China de un centenar de tales aparatos. Luego vino un desmentido en el que la información de marras se explicaba por un error técnico. La situación fue comentada, especialmente para La Voz de Rusia, por una fuente bien informada experta en los problemas de la cooperación tecnomilitar de China y de Rusia.

En las horas contadas, transcurridas desde el momento de la publicación en los medios chinos de la información sobre un suministro de un centenar de Su-35, hasta la publicación del desmentido, entre muchos diplomáticos y militares norteamericanos y del Este asiático cundió el pánico pues el suministro de un centenar de Su-35 llevaría a cambios ponderables en el equilibrio de fuerzas en el Lejano Oriente. La defensa de Taiwán podría ser, en tal caso, solo una quimera.

Como nos explicaba esa fuente bien informada, desde 2012 es ya conocido el hecho mismo de la firma por Rusia y China de un memorando de intenciones con respecto a la entrega de ese avión y reconocido por autoridades oficiales. Se informó, oficialmente, de que se trataba solo de la venta de veinticuatro aviones.

Un experto explicaba que la realización de la entrega de un centenar de aviones, a corto plazo, habría sido imposible para las recargadas potencialidades productivas de la industria rusa.
Cabe además tomar en consideración que China no compra nunca grandes partidas, de una sola vez, de armamento extranjero. De entrada, compran siempre ejemplares en cantidad relativamente pequeña para su estudio y ensayos.

Esta fuente destacaba más adelante que organismos competentes de los dos países informan periódicamente a la opinión pública de transacciones considerables en la esfera de la cooperación tecnomilitar. Publicaciones fantásticas suelen gestarse de vez en cuando en la red china de Internet para propagarse como un virus.

A veces se trata de proyectos de armamentos que, en principio, son irrealizables. A veces se repiten datos, pero hiperbolizados y engalanados, conocidos hace tiempo por todos los que se ocupan de la colaboración ruso-china. Nuestra fuente suponía que en algunos casos podría tratarse de operaciones informativas premeditadas de servicios especiales que, de esa manera, distraen la atención de temas de veras importantes. 

Al mismo tiempo, la propagación de rumores de tal naturaleza, que más adelante son desmentidos, permite a China hacerse una idea de la actitud verdadera de los Estados foráneos con respecto a la realización de los programas de rearme de la Fuerza Aérea del Ejército del país, explicaba la fuente.

Antes, de manera igualmente extraña, a través de distintos recursos electrónicos chinos se publicaba la información espectacular de la supuesta venta a Pekín de treinta y seis bombarderos estratégicos TU-22N3. 

La fuente informaba de que tal operación es, en principio, imposible, debido a que a comienzos de la década de los noventa fue cerrada la línea de ensamblaje de tales aparatos. El Tu-22M3 más joven tiene veinte años y es irreal restablecer su producción. Pero, es evidente que centrar la atención en supuestos esfuerzos de China en la compra de ese viejo avión la distrae perfectamente de los programas que lleva a cabo realmente China de desarrollo de la aviación de largo alcance. 

Se trata en primer lugar de la construcción en serie de los nuevos bombarderos N-6K, armados con cohetes cruceros, capaces de cargar otra arma de alta precisión, así como la elaboración en China de un nuevo bombardero de largo alcance sobre la base de las tecnologías propias de los aparatos sigilosos.

Esta colaboración ruso-china ha vuelto a enfilar por la senda del desarrollo. Pero, toda información de nuevos proyectos que parte de fuentes oficiosas debe ser tomado con suma cautela. De lo contrario, volverían a surgir situaciones en que operaciones fantasmas puedan ser objeto de un sesudo debate de expertos y periodistas.

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